La impresión ante el salto a la IA agéntica

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Impresora oficina generica ©Freepik

La digitalización avanza y los volúmenes de escaneado crecen, mientras las empresas aceleran su inversión en inteligencia artificial. El sector de la impresión se enfrenta a la urgencia de evolucionar más allá del hardware. La pregunta es si los fabricantes están preparados para integrar IA agéntica sin comprometer la seguridad.

El auge de la inteligencia artificial está transformando la productividad y la gestión de la información. El 64% de las organizaciones planea aumentar su inversión en IA en 2026 y destinará de media el 22% de su presupuesto TI a estas tecnologías, impulsadas por la IA generativa y su impacto en la productividad y la automatización de tareas repetitivas.

Este impulso coincide con un momento crítico para la industria de la impresión, que afronta la caída de volúmenes y la necesidad de evolucionar hacia modelos basados en software. Aunque los fabricantes ya han iniciado esta transición, persiste una brecha entre la ambición estratégica y la capacidad real de ofrecer razonamiento autónomo en los flujos documentales, señala Quocirca.

 

El papel sigue siendo decisivo

La oficina sin papel continúa siendo un objetivo lejano. De hecho, el 86% de las organizaciones sigue dependiendo del papel y solo el 14% se declara totalmente digital. Aun así, el 78% está acelerando sus planes de digitalización, impulsados por la búsqueda de eficiencia y sostenibilidad.

El uso del escaneado ya es habitual, y el 60% de los usuarios emplea estas funciones con regularidad y el 36% de las empresas las promueve activamente. Además, se prevé un crecimiento del 9% en los volúmenes de escaneado.

La IA agéntica supone un cambio radical respecto a la IA generativa asistiva. Mientras esta última resume o redacta, la IA agéntica razona, planifica y ejecuta procesos completos.

En un entorno de impresión, la diferencia es clara: un sistema asistivo extrae datos de una factura; un agente autónomo identifica al proveedor, cruza información con pedidos, consulta el ERP, verifica la recepción de mercancías y decide si debe iniciar un pago o escalar el caso. El MFP deja de ser un punto de entrada pasivo para convertirse en un actor inteligente dentro del flujo documental.

El reto para los OEM es estructural: no son compañías de software. Aunque los MFP integran millones de líneas de código y aplicaciones, la competencia principal de los fabricantes sigue siendo el hardware. Para seguir siendo relevantes, deben demostrar que pueden gestionar el razonamiento complejo que ocurre una vez que los datos entran en la red.

La vía más sólida para lograrlo pasa por alianzas más profundas con proveedores de IDP, integrando sus capacidades en los flujos documentales que nacen en el MFP.